Por ejemplo, una secuencia de estornudos durante cinco segundos seguidos y el lagrimeo que suele provocar, mientras conducimos a 90 kilómetros por hora implica dejar de prestar atención a la carretera durante más de 125 metros. El hecho de que estos riesgos viales no se puedan evaluar fácilmente hace que sean más complicados de detectar, tanto por el propio sujeto como por parte de los agentes de tráfico, lo que hace que sean “invisibles” para muchas personas.
En estos meses primaverales aumentan los niveles de polen en el aire y son muchos los conductores que sufren de alergias, algo que puede acarrear un peligro mientras estamos al volante si no se toman las precauciones oportunas al afectar directamente a la capacidad de conducción. Y más todavía si el conductor decide auto medicarse, algo en lo que hay que poner especial cuidado y tratar de evitar, sobre todo si tenemos que ponernos al volante.
Un estudio ha revelado que dos de cada cinco alérgicos reconocen verse afectados con mermas de sus capacidades al volante. Según el Ministerio de Sanidad los síntomas más relevantes que presenta el conductor alérgico son la irritación y picor de ojos, la congestión nasal, picores en la piel, cosquilleo en la garganta, estornudos, silbido en el pecho… afectando todas estas molestias a la conducción, y estimándose que el riesgo de sufrir un accidente aumenta un 30% con conductores alérgicos.
El lagrimeo también nos induce a rascarnos los ojos y reduce nuestra capacidad de visión, un sentido muy importante en la carretera. Por no hablar de que estaremos soltando el volante (o el manillar en el caso de los motoristas) para hacerlo.
Otro efecto son las alteraciones del sueño provocadas por esta patología, ya que al sufrir rinitis alérgica los conductores no pueden dormir bien, y un 40% aseguran padecer somnolencia diurna que afecta notablemente a la conducción y por lo tanto aumenta la posibilidad de sufrir un accidente.
El uso de mascarillas puede en principio evitar que cuando salgamos a la calle, disminuya el contacto con el polen, pero tenemos que tener en cuenta que un aumento del número de horas de exposición, junto a una pluviometría copiosa, como la que hemos tenido durante estos últimos meses, así como las elevadas temperaturas actuales, provocará de nuevo que aparezcan con fuerza las causas que aumentan los efectos de la alergia.
Una buena forma de identificar si tenemos una alergia es en los momentos de lluvia: cuando empieza a llover, los síntomas desaparecen, pero vuelven una vez que deja de hacerlo. Una alergia no produce fiebre y los síntomas se repiten. Los antihistamínicos permiten que remitan estos síntomas, los cuales también empeoran al aire libre. En el caso del asma, los síntomas remiten con broncodilatadores.
De todas formas, lo más recomendable siempre es consultar al médico para que proporcione el tratamiento más recomendable, sobre todo en el caso de que tengamos que conducir un vehículo.

