Los neumáticos siguen siendo uno de los elementos más infravalorados de la seguridad vial, a pesar de ser el único punto de contacto entre el vehículo y el asfalto. Mientras los coches incorporan cada vez más tecnología de seguridad, los datos de 2024 revelan una paradoja inquietante: 554 siniestros con víctimas estuvieron relacionados con anomalías en los neumáticos (neumáticos muy desgastados, defectuosos o reventones) en los que se vieron implicados 668 vehículos, con un balance de 1.017 víctimas, 39 personas fallecidas, 123 heridos graves y 855 heridos leves, según datos de la Dirección General de Tráfico.

Estas cifras sitúan al estado de los neumáticos como un factor concurrente relevante en los accidentes de tráfico, especialmente en un contexto en el que la climatología adversa multiplica los riesgos. Durante 2024, 7.469 siniestros con víctimas se produjeron bajo condiciones de lluvia, granizo o nieve, con 11.818 vehículos implicados y un balance de 18.836 víctimas, 172 fallecidos, 1.028 heridos graves y 17.636 heridos leves. En este escenario, el comportamiento del neumático (agarre, evacuación del agua, estabilidad) resulta determinante.

Según información de la Asociación Española de Entidades Colaboradoras de la Administración en la Inspección Técnica de Vehículos AECA- ITV, la inspección técnica muestra que el apartado de la inspección “Ejes, ruedas, neumáticos y suspensión” concentró alrededor de una quinta parte de los defectos graves detectados en 2024. Además, la DGT ha advertido en distintas campañas y comunicaciones que una parte relevante del parque circula con neumáticos en mal estado o con características no adecuadas.

Este no es un problema “solo mecánico”: en condiciones de lluvia o frío, el margen de adherencia se reduce y cualquier déficit de presión o de dibujo se traduce en más metros de frenada y mayor riesgo de aquaplaning.

El desconocimiento y la desinformación siguen marcando las decisiones de muchos conductores a la hora de adquirir un neumático sin tener en cuenta que es unos de los elementos más decisivos no solo en la seguridad, sino además en el rendimiento del vehículo y el impacto medioambiental de cada trayecto.

El estudio “Radiografía del neumático” realizado por la agrupación de fabricantes de neumáticos AFANE, muestra que los conductores priorizan el precio (68%) frente a la calidad o composición del neumático (33%), optando por neumáticos de muy bajo coste que cumplen los mínimos legales, y recortando en aspectos críticos como la garantía y confianza, o la resistencia y duración. Estas diferencias, invisibles a simple vista, se traducen en mayores distancias de frenado en mojado y peor comportamiento en situaciones límite.

El neumático de calidad no es necesariamente “el más caro”, sino el que ofrece prestaciones verificables para el vehículo, el clima y el tipo de conducción (especialmente en mojado). La etiqueta europea de neumáticos obliga a informar, entre otros, sobre el agarre en mojado (wet grip), un indicador directamente relacionado con la capacidad de frenado en emergencia.

De hecho, ensayos comparativos muestran que el precio por sí solo no garantiza mejores resultados: lo que marca la diferencia es la combinación de diseño, compuesto y controles de fabricación, y cómo se comporta el neumático cuando se desgasta. Por eso, además de la etiqueta UE, conviene apoyarse en pruebas independientes y en el asesoramiento profesional.

Para una compra segura, debemos comprobar: etiqueta UE (agarre en mojado, eficiencia, ruido), medidas y códigos homologados, fecha de fabricación (DOT) y que el neumático sea adecuado para la estación y la zona donde circulas.

En mojado, pequeñas diferencias de agarre se traducen en metros. Por eso, escoger neumáticos con buen rendimiento en lluvia y mantenerlos a su presión correcta es clave para reducir el riesgo de colisión por alcance y pérdida de control.

Por ejemplo, la distancia de frenado entre un neumático de categoría A y uno de clase G puede variar hasta 18 metros a 80 km/h. Esa diferencia (cuatro coches puestos en línea) puede evitar un accidente.

La tecnología ayuda, pero no hace milagros: los sistemas electrónicos (ABS/ESC) y algunos ADAS se apoyan en la fricción del neumático en la carretera. Si el neumático no puede generar agarre suficiente (por presión incorrecta, desgaste, daños o compuesto inadecuado), el margen de actuación de estos sistemas se reduce.

Circular con presión baja, por ejemplo, aumenta la deformación, el calentamiento y el desgaste, y puede afectar al comportamiento en frenada y maniobra. La propia DGT ilustra que una presión insuficiente puede alargar la distancia necesaria para reducir velocidad y aumentar el riesgo de aquaplaning. La monitorización de presión ayuda a detectar pérdidas de presión, pero no sustituye la revisión periódica.

En invierno, además, el problema se agrava: por debajo de los 7 °C, los neumáticos de verano tienden a endurecerse y pierden adherencia incluso en carreteras secas, y si se trata de neumáticos de baja calidad o gastados, especialmente con mal agarre en mojado, disminuyen de forma alarmante su fiabilidad lo que puede generar que los sistemas electrónicos de seguridad, entre ellos algunos ADAS, vean reducidos su eficacia.

En invierno, con temperaturas bajas o condiciones meteorológicas adversas, los neumáticos Todo Tiempo (All Season) de calidad, se consolidan como una opción segura para gran parte del territorio español. Estos neumáticos han superado ensayos específicos de tracción en nieve y ofrecen un rendimiento más equilibrado en condiciones meteorológicas adversas como frío o lluvia, y superficies deslizantes que los neumáticos de verano utilizados durante los meses invernales. Reglamento ONU nº 117.

Los datos revelan que una parte muy significativa de los conductores circula habitualmente con neumáticos mal mantenidos, muchas veces sin ser consciente del riesgo. Uno de los errores más extendidos es la presión incorrecta, más de 5 millones de vehículos tienen presión de inflado inadecuada en al menos uno de sus neumáticos. Una cuestión que repercute de manera directa en la seguridad, la vida útil y el consumo de combustible. Más de 11 millones de los neumáticos circulan con una diferencia de presión de inflado superior a un 10% de la recomendada.

Estos fallos tan comunes que comprometen la seguridad son simples de solucionar, y, aun así, se descuidan. El estudio “Radiografía del neumático” (Afane) mencionado anteriormente, muestra que, aunque muchos conductores declaran que revisan la presión, la conducta real es irregular puesto que no se realiza con la periodicidad recomendada. Solo el 31% lo hace al menos una vez al mes, el 33% cada tres meses, el 18% cada seis meses, llegando a superar el año el 8% o incluso el 9% hacerlo casi nunca o nunca.

Otro fallo habitual es apurar el dibujo o circular con cortes, deformaciones o desgaste irregular. Datos de AECA-ITV muestran que en torno al 20 % de los vehículos presenta neumáticos excesivamente desgastados.

Algunos conductores asumen que la electrónica “compensa” neumáticos deficientes, o que pasar la ITV garantiza seguridad plena, cuando la inspección verifica mínimos legales, no el rendimiento real en mojado o en situaciones límite. También persiste la idea de que todos los neumáticos “económicos” rinden igual mientras tengan dibujo, ignorando el papel del compuesto y del diseño.

Los datos de 2024 son claros: los neumáticos en mal estado y las condiciones meteorológicas adversas siguen costando vidas. Con 554 accidentes y 39 fallecidos asociados a anomalías en los neumáticos, la seguridad vial no puede seguir centrada únicamente en la velocidad o el alcohol. Elegir neumáticos de calidad, adaptados al clima y correctamente mantenidos es una de las medidas más eficaces y accesibles para reducir la siniestralidad. La seguridad activa comienza en el suelo: en el neumático que pisa la carretera.

Decálogo de seguridad en compra y mantenimiento de neumáticos (10 consejos)

  • Elija neumáticos de calidad, marca reconocida y fíjese en sus características (etiqueta y homologaciones). En el neumático, lo barato puede salir caro.
  • Evite neumáticos “desconocidos”, sin trazabilidad o de importación opaca. Si no sabe quién responde si fallan, el riesgo lo asume usted y su familia.
  • No compre por precio: compre por rendimiento en mojado y frenada. En lluvia, unos metros de diferencia son la diferencia entre susto y siniestro.
  • Elija la medida, índice de carga y código de velocidad correctos (los que indica el vehículo).
  • Revise la presión al menos 1 vez al mes y antes de un viaje (en frío). La presión incorrecta acorta la vida del neumático y empeora frenada y estabilidad.
  • Haga comprobaciones visuales del aspecto del neumático, vigilando que no tenga desperfectos como grietas, fisuras, cortes, etc.
  • Vigile el dibujo y el desgaste irregular. Si se gasta raro, no es “mala suerte”: suele ser alineación, suspensión o presión… y eso también afecta a los neumáticos y la seguridad.
  • Alinee y equilibre cuando se requiera (golpe fuerte, vibraciones, cambio de neumáticos). Un volante que vibra es una señal que hay que atender.
  • No mezcle neumáticos diferentes. Mezclar calidades o modelos muy distintos descompensa el comportamiento.
  • Considere el neumático como un elemento de seguridad fundamental, es el único “apoyo” del vehículo con la vía.