Según el informe, el vehículo conectado, autónomo, compartido y eléctrico (CASE, por sus siglas en inglés) sigue evolucionando, aunque el mercado se está viendo impactado por unas expectativas de desarrollo tecnológico más realistas y por el cambio de los hábitos de consumo que se adivinan el mundo posterior a la pandemia. En este contexto, los datos recogidos en el estudio muestran que los consumidores no esperan que los coches completamente autónomos sean una realidad antes de principios/medidados de la década de 2030. Además, la movilidad compartida reduce su ritmo de crecimiento.
Las previsiones apuntan a una reducción del parque de vehículos en Europa en 2035, y de un crecimiento en EE.UU. y en China, como consecuencia de las diferencias en cada una de estas áreas geográficos en ámbitos como la demanda de movilidad, las preferencias de los consumidores sobre el vehículo compartido y la disponibilidad de vehículos. Por ejemplo, las exigencias regulatorias en la UE y en Estados Unidos han conseguido que el 85% de los coches vendidos en 2020 en estos mercados incorporen ya unos servicios básicos de conectividad, mientras que en China solo lo llevan el 44%.
La UE y China están liderando la carrera por el coche eléctrico: se espera que en estos dos mercados los coches con batería eléctrica (BEV) supongan, respectivamente, el 17% y el 19% de las ventas en 2025. En EE.UU. esta penetración será del 5% en ese mismo año, debido al menor apoyo por parte de las administraciones públicas norteamericanas. Los cambios en los hábitos individuales de consumo van a exigir una nueva segmentación en el ámbito de la movilidad (privada versus compartida, conducción activa versus conducción pasiva), cada una de ellas con múltiples casos de usos y distintos niveles de automatización. De hecho, dado la cantidad de modelos de negocios distintos, muchos de los actores del sector van a tener que revisar sus estrategias CASE (Conectado, Autónomo, Compartido y Eléctrico).

