El resultado es rotundo: al 27% les ha afectado mucho, al 47% «bastante» y al 23% poco, con sólo un 3% a los que no les ha cambiado la vida nada o casi nada. Es decir, un 97% del total han visto resentida su calidad de vida y su poder adquisitivo. Más de la mitad (el 57%) han tenido que reducir su consumo debido al aumento de precios, especialmente en ocio, viajes, combustible y electricidad. Muy preocupante es también el dato de que un 16% afirman haber reducido el consumo en alimentación básica.

Antes de que la crisis alcanzase los niveles actuales, el 46% de los encuestados afirmaba tener planes para viajar en Semana Santa. Sin embargo, casi la mitad de ellos se han replanteado la situación hasta el punto de que, preguntados ahora, sólo el 31% del total de los encuestados afirman que van a viajar en estas fechas. Los motivos de estos cambios de planes son, por este orden, la subida general de los precios (50%), la incertidumbre económica (18%), motivos personales (12%) y el encarecimiento del precio del carburante (10%). En contraste, sólo el 4% piensan ahora en la pandemia como un motivo para no desplazarse en vacaciones.