España cierra 2020 en las últimas posiciones europeas del Barómetro de electromovilidad de Anfac del cuarto trimestre de 2020. Pese a haber logrado aumentar su participación en casi cinco puntos en el indicador global de electromovilidad (que valora la penetración de vehículos electrificados y la instalación de infraestructuras de recarga de acceso público), hasta alcanzar una valoración general de 18,6 puntos sobre 100 en el cuarto trimestre de 2020.

La puntuación española se distancia así aún más de la media europea, que se sitúa en una valoración de 39,9 puntos sobre 100, con un crecimiento de más de 10 puntos en el cuarto trimestre de 2020. El crecimiento español de la electromovilidad viene motivado prácticamente en exclusiva por la compra de vehículos electrificados y apenas nada por la instalación de puntos de recarga.

En el último trimestre, la evolución de los puntos de recarga de acceso público en España ha sido muy lenta, alcanzando los 8.545 puntos. Una cifra muy escasa para el ritmo de desarrollo de electro-movilidad que debería tener España y que se sitúa muy lejos de las exigencias para cumplir los objetivos de desarrollo de infraestructuras de recarga. Adicionalmente, desde el punto de vista cualitativo destaca, que más del 90% de la infraestructura de recarga de acceso público tiene potencias por inferiores o iguales a 22 kW y sólo el 0,8% de los puntos de recarga de acceso público interurbanos presentan potencias por encima de los 250 kW. Estos datos ponen de manifiesto las dificultades de uso relacionadas no sólo con la disponibilidad de infraestructura sino por los tiempos de recarga asociados.


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