Un año más FEVA, la Federación Española de Vehículos Antiguos, ha logrado congregar más de medio centenar de vehículos históricos en la villa soriana de El Burgo de Osma que, como ya es tradicional, es la ubicación elegida para un evento que se celebra el segundo fin de semana de junio de los años pares; en esta ocasión tuvo lugar del 13 al 15 de junio. Este encuentro, nacido con el fin de dar ocasión a los vehículos más antiguos de salir de garajes y museos y volver a rodar por las carreteras, ha logrado tras cuatro ediciones consolidarse y crecer, convirtiéndose sin duda en un evento de referencia incluso más allá de nuestras fronteras.

Prueba de ello es la presencia en 2026 de un vehículo llegado del museo Caramulo de Portugal y otros seis desde Gran Bretaña. Los participantes británicos además demostraron la fiabilidad de sus máquinas al llegar rodando desde lugares tan lejanos como Glasgow, en un periplo de cientos de kilómetros que recorrieron para acudir al rally. Les movía, además, una noble causa, puesto que el promotor de la aventura británica es un soriano residente allí, Jorge Oliva, que empleó el viaje con el noble objetivo de recaudar fondos para la lucha contra el cáncer.

El plantel de vehículos reunido por FEVA en esta ocasión podría definirse como de categoría superior: desde dos Rolls-Royce (un Silver Ghost y un Twenty) a dos Hispano-Suiza (un 16 HP y un Tipo 48), pasando por un Sunbeam Cope de L´Auto, un Amilcar CGSS o un Bugatti Tipo 23, pasando por un Renault Tipo G de 1902 (el más antiguo), un Brush Runabaut, un Le Zebre Tipo A, un Overland 69 T, un Chevrolet H4, un Buick Six y un 24/35, un Auburn Modelo P, un Talbot tipo B, un Donet Zedel Tipo C16, un Delage DI, un singular Darmont Special, un Oakland Greater Six, un Citroën 5 HP y un Tipo A y por supuesto, una legión de Ford T con distintas configuraciones de carrocerías, un modelo tan popular en aquellos años como en este rally. Y como en alguna edición anterior el automóvil Renault 10 de la Agrupación de Tráfico, dando una nota de colorido a la apertura del recorrido.

Las motos, por desgracia minoritarias por bajas de última hora, estaban representadas, con una Douglas 350, una BSA 500 con sidecar de mimbre, una rarísima ABC o una Triumph P, además de una Motosacoche.

Tras haberse acreditado la mayor parte de los participantes el viernes por la tarde, el sábado 13 por la mañana salieron los vehículos del parque cerrado, establecido en la Plaza de Toros en dirección a la Plaza de la Catedral del Burgo de Osma. La organización había previsto dos rutas de ida hasta Berlanga de Duero, una más corta y llana, de unos 30 km, y otra más larga y con pendientes, de cerca de 80 km. De este modo se daba opciones para que aquellos vehículos con más antigüedad o menos potencia pudieran disfrutar sin sufrir. Para aquellos ávidos de más aventura la ruta larga les deparó más curvas y alguna pendiente en la que poner a prueba mecánicas de los vehículos y dotes de conducción de sus propietarios.

El destino final, tanto para unos como para otros era Berlanga de Duero. Los vehículos quedaban custodiados en el parque cerrado dispuesto en la plaza del Mercado, para deleite de aquellos que quisieron disfrutar de este museo rodante.

Se entregaron los siguientes premios:

  • Vehículo más deportivo (Bugatti Tipo 23)
  • Mejor conservado (Delahaye Tipo 32)
  • Participante más lejano (Neil y Muriel Elford con Ford T llegado desde Glasgow)
  • Conductor más joven (Alba Gamón)
  • Conductor más tenaz (Ricardo Correia de Barros, cuyo Unic bicilíndrico de 1909 realizó buena parte del recorrido con un cilindro sin chispa).

En cuanto al concurso de elegancia, los vencedores fueron Ignacio Rivacoba en coches y Julián Sesma en motos.

El domingo 14 por la mañana los vehículos salieron de la Plaza de Toros directamente para una ruta cómoda y no muy larga hasta el espectacular Cañón del Río Lobos, un emblema paisajístico de la zona. Para aquellos que podían disfrutar de unas horas más, la organización tenía programada una ruta hasta el Castillo de Gormaz, la mayor fortaleza califal de Europa.

El lunes 15 la organización tenía dispuesta una ruta para los pocos que podían prolongar el rally, con llegada y regreso a Peñaranda de Duero. Así se daba por concluido un evento único, con un carácter especial.