El problema del calor, según explica Rafael Soriano, del Área de Reparación e Innovación Mecánica del RACE es que, a medida que asciende cada grado de temperatura externa, el aire que se mete en el motor tiene cada vez menos oxígeno. Esto provoca que la mezcla dentro del cilindro con la gasolina no sea la idónea.

Como resultado, a causa del calor el coche puede tener tres problemas importantes:

– El motor del coche puede sufrir una pérdida de potencia (si el vehículo tiene turbo va a tener un retraso mayor a la hora de acelerar).
– El consumo de gasolina sube y la autonomía desciende. Para subsanar la falta de aire rico en oxígeno, el motor hace la mezcla más rica inyectando más gasolina dentro de los cilindros. Esto implica que el coche va a recorrer menos kilómetros que antes con un depósito y que el consumo de carburante va a ser mayor, es decir, a final de mes su bolsillo se vaciará algo más de lo que está acostumbrado.
– El exceso de temperatura teóricamente podría afectar negativamente también a la temperatura de trabajo del motor, que en los coches más antiguos era de 90 ºC y en los actuales ronda los 100 ºC – 110 ºC. Sin embargo, no hay ningún problema siempre que el sistema de refrigeración actúe como debe y esté siempre con el nivel del líquido refrigerante entre el máximo y el mínimo. Si no es así, no debería retrasar su visita a un taller.

¿El calor también afecta al rendimiento de un motor eléctrico?

Realmente el aumento de la temperatura del exterior no afecta tanto al funcionamiento del motor eléctrico, sino al rendimiento de baterías del coche eléctrico. Éstas tienen el punto óptimo de trabajo entre los 14 ºC y los 25 ºC. Si se supera esa temperatura, las reacciones electroquímicas que se producen dentro de la batería al hacer la carga y descarga de electricidad se aceleran mucho.

El exceso de temperatura provoca que la vida útil de estos dispositivos de almacenamiento de energía se acorte, un problema que afecta directamente a la autonomía del coche eléctrico, que es una de las mayores tareas pendientes por mejorar en este tipo de vehículos, junto con los puntos de recarga, la duración de la recarga y el precio.

Para evitar que el calor extremo afecte más a las baterías, incluyen un sistema de refrigeración líquida propia con electroventiladores añadidos que se activan para enfriar cuando es necesario estos acumuladores (por ejemplo, tras una recarga rápida en un wallbox). Además, el motor de un coche eléctrico también incluye refrigeración para que se disipe el calor producido durante su funcionamiento.

Más allá de cómo afecta el calor a un motor de combustión o eléctrico, también influye negativamente en otras piezas del coche como los frenos o los neumáticos, que pueden sufrir un mayor desgaste.

Y no sólo sufre el coche, recuerde que conducir con calor puede suponer un riesgo para la seguridad vial ya que puede provocar deshidratación, lo que merma en los reflejos y las reacciones de un conductor, algo que se puede evitar llevando el aire acondicionado a una temperatura de entre 21 ºC y 23 ºC, bebiendo agua y otro tipo de bebidas refrescantes sin alcohol o parando cuando sea necesario, sin superar las 2 horas de trayecto o los 200 kilómetros de recorrido.


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