Se trata de un gran número de conductores reincidentes y una cifra que ha variado poco en los últimos años. Un dato preocupante si tenemos en cuenta que, de las 870 personas que fallecieron en 2020 en accidente de tráfico en vías interurbanas, 125 no llevaba puesto el cinturón de seguridad (26%), y de las 2.797 personas que necesitaron ser hospitalizadas, el 15%, viajaba también si él.

Por este motivo, la DGT está desarrollando durante esta semana una campaña especial de intensificación de la vigilancia y control de este dispositivo de seguridad y de los sistemas de retención infantil.

Además de la cantidad de vidas que el cinturón salva cada día, (hay informes que hablan de más de un millón desde su implantación en 1958), también reduce de manera muy significativa la producción de lesiones y su gravedad.

El cinturón de seguridad retiene y evita que el cuerpo humano se golpee contra superficies duras en caso de accidente, por eso, cuando una persona no lo lleva y viaja libre dentro del vehículo, sea cual sea el asiento que ocupe, un simple frenazo provoca un desplazamiento del cuerpo, un choque contra el parabrisas o elementos como el salpicadero o contra otro pasajero. A 50 km/h, el resultado de una colisión es similar a caer desde un segundo piso.

De hecho, el propio impacto puede provocar roturas en los órganos internos. Por ejemplo, un golpe en el tórax puede fracturar las costillas y convertirlas en cuchillas sobre los pulmones y el estómago, al igual que las arterias o la vejiga, también puede romperse por el impacto. Todo ello sin olvidar las posibles lesiones en la columna vertebral con las fatales consecuencias que éstas tienen.

Por el contrario, si llevamos de forma correcta el cinturón puesto, todos estos traumatismos son prácticamente imposibles.