Si no tiene más remedio que coger el coche, asegúrese de que está en buen estado y hágalo bien equipado. En cuanto le sea posible limpie bien los restos de nieve de su coche, libere las ruedas, etc. Limpie bien los cristales, si tienen hielo, con un rascador o una solución de alcohol, y mejor evitando el agua caliente, que podría provocar fracturas.

Los coches llevan varios días parados, a temperaturas extremas, con lo que sufre sobre todo la batería: conviene cuando se pueda encenderlo y comprobar que todo funciona. Si no arranca el coche, apague los sistemas eléctricos y vuelva a intentarlo. Si no lo consigue, necesitará recargar la batería: recuerde que las pólizas con asistencia en viaje contemplan el servicio de recarga de la batería.

Si va a circular por zonas donde haya nieve o hielo, debe llevar unas cadenas, textiles o metálicas, adecuadas a su vehículo. En cualquier caso, asegúrese de que sabe usarlas y no se ve obligado a probarlo en plena emergencia.

Planteese la posibilidad de colocar unos neumáticos de invierno, especialmente diseñados para firmes con hielo, lluvia o nieve. No se ponga en ruta sin llevar el equipamiento imprescindible en el coche: una linterna, agua, mantas y el móvil con la batería bien cargada.

Si tiene que conducir sobre una carretera helada o con nieve, extreme las precauciones: circule a poca velocidad, con luces, con marchas largas y ampliando la distancia de seguridad.