A vueltas con las rotondas...

En nuestro mundo lleno de vehículos clásicos no podemos dejar de lado la realidad cotidiana. Nuestros viejos coches y motos provienen de una época en que carreteras y calles eran poco más que antiguos caminos de tierra cubiertos por una fina capa de asfalto, en el mejor de los casos. Existe un empeño intenso en toda nuestra sociedad, mejorar de forma constante cualquier faceta, proceso o sistema. La gestión del flujo de tráfico en nuestras, cada vez, más saturadas ciudades, no podía quedarse atrás.

Habituales como son en la actualidad, su origen proviene de un ingeniero británico, llamado Franck Blackmore, que en los años 60 del siglo pasado ideó un sistema para controlar el tráfico en los cruces evitando el uso de señales y de los muy caros semáforos. Algunas rotondas famosas son anteriores al desarrollo de las mismas por el Sr. Blackmore como la que se encuentra en la Place de l´Etoile y que da cabida al Arco del Triunfo en París.

Tomar conciencia de cómo es la forma correcta de circular por ellas es algo que hoy nos hemos propuesto comunicar. Conscientes de que no prestamos la suficiente atención a unos elementos que están muy presentes en nuestro día a día.

Gestionar correctamente nuestro tránsito por las glorietas o rotondas no es sólo una cuestión de seguridad vial o de educación para con los otros conductores, sino, también, de mejora en la eficiencia del tráfico. Saber cómo debemos atravesar y usar estos artilugios que nos encontramos en mitad de carreteras y calles es sencillo.

Arriba tenemos un gráfico explicativo, que aporta la revista de la DGT, y que podemos resumir en una idea básica: las rotondas son como cualquier vía con dos carriles para cada sentido, para salir debemos hacerlo desde el carril de la derecha y cualquier vehículo que circule por él tiene preferencia sobre los que vayan por los carriles centrales (o de la izquierda). A partir de aquí ya podemos contemplar todas las variantes posibles. Pero si recordamos este principio todo será mucho más sencillo. Para remarcar nuestra explicación en el enlace siguiente se puede ver un vídeo editado por la DGT: http://revista.dgt.es/es/multimedia/video/2014/1008-Por-que-carril-ext-glorietas.shtml#.Vr70svLhDIX

No se nos ocurre tomar una salida de autovía, por ejemplo, si circulamos por el carril izquierdo de la misma y un vehículo lo hace al mismo tiempo por el derecho; pues ésto lo hacemos constantemente (todos) en las rotondas. Aún hay algo más, si el carril por el que queremos salir tiene vehículos en cola, y no podemos acceder a él por el carril derecho de la rotonda, debemos dar otra vuelta completa a la misma para ponernos en la cola que va hacia esa salida.

Y ahora, con semáforos. En el último congreso celebrado sobre “Tráfico y Seguridad Vial” por un Colegio de Arquitectos provincial español, se debatió y concluyó que, tras los estudios de la circulación en estas rotondas reguladoras del tráfico cotidiano, especialmente las ubicadas entre varias vías con importante densidad de tráfico, que usualmente cuentan con más de un carril por sentido, y en horas determinadas, es más que conveniente o recomendable, cuasi obligatorio, instalar semáforos que regulen el paso de los vehículos entre las diferentes vías, ya que la “mala circulación” y el uso que hacemos los españoles de los carriles de las rotondas, así como la cantidad de vehículos que circulan por una vía constantemente, llega en ciertos momentos a ser tan importante que impiden que los vehículos de las vías que se intersectan con ésta, no pueden incorporarse a la rotonda ni circular correctamente por ella en el carril que le corresponde, al tener que ceder el paso siempre a los vehículos que ya se encuentran en ella.

Esta situación provoca habitualmente situaciones peligrosas e incluso siniestros por la impaciencia de los conductores que no esperan a que “haya el espacio” y condiciones suficientes para iniciar la marcha, acrecentado por la otra “impaciencia” de los conductores que le siguen detrás y que se dedican a incluso tocar el claxon, motivando un estrés innecesario en el conductor que provoca que el éste inicie su incorporación a la rotonda sin esperar el momento oportuno y de la manera menos recomendable.

 

Texto: Manuel Sánchez Pascual

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