Coche eléctrico: quien va, no vuelve

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Por extraño que parezca, a principios del siglo XX, el 90% de los pocos vehículos existentes, eran eléctricos. En 1912, Henry Ford revolucionó los automóviles con la introducción del motor de arranque, comenzando así el dominio de la combustión. La comodidad que ofrecían estos vehículos, junto al bajo precio del petróleo, hizo el resto. Debido a la crisis del petróleo de 1973, el sector automovilístico comenzó a mirar de reojo, sin mayores pretensiones, los orígenes eléctricos. Un siglo después de la pérdida hegemónica de la batería, las marcas comienzan a trazar, en este sentido, el futuro del automóvil. Ahora sí, con claras ambiciones.

Si bien es cierto que la oferta es escasa, todos los fabricantes tienen en el mercado “su” coche eléctrico o adaptación eléctrica de modelo de combustión. Lo que hace una década parecía un futuro muy lejano, ya es una realidad. Cierto es que la tecnología híbrida, el incremento del precio de los carburantes y la mayor concienciación medioambiental también por parte de las administraciones, está favoreciendo que, a la hora de cambiar de vehículo, el eléctrico se ponga encima de la mesa.

Las distintas administraciones, debido a los serios problemas de contaminación existente en grandes ciudades, favorece mediante subvenciones y ayudas indirectas, la adquisición de estos vehículos. Eso sí, lejos queda la exención del IVA para este tipo de vehículos de países como Noruega. Con el plan Movea, los descuentos de las marcas para la adquisición, la ayuda para crear un punto de recarga particular y otras promociones, nos podemos beneficiar de hasta 10.000 €, caso del Nissan Leaf, en la compra de un eléctrico.

Dependiendo de nuestro municipio de residencia, las ventajas pueden incrementarse notablemente. En Madrid, por ejemplo, el impuesto de circulación tendría un descuento del 75%, el estacionamiento en zona regulada sería gratuita, disfrutaríamos del uso del carril V.A.O. y, lo no menos importante, no nos afectaría la prohibición de circular por el centro de la ciudad los días de tráfico restringido por matrícula. A todas las ventajas públicas, también deberíamos sumarle la reducción de gastos de uso del vehículo. A poco que ajustemos la tarifa eléctrica, podremos recorrer 100 km con tan solo un euro de coste frente a los 7 litros que, seguramente, consuma nuestro vehículo actual para la misma distancia. Por otra parte, los gastos de mantenimiento también se reducirán considerablemente, debido a la simpleza del motor.

La recarga eléctrica

Sin duda alguna, este es el gran freno para adquirir un vehículo de estas características. A la limitada autonomía -exceptuando los vehículos de muy alta gama, a lo máximo que aspiramos es a 300 km reales- debemos sumarle la dificultad para recargar. La red pública se sigue ampliado, aunque muy lentamente. Muchos centros comerciales, parkings, algunos concesionarios y hasta restaurantes, ofrecen la recarga como un servicio de cortesía. Pero aún es insuficiente teniendo en cuenta la limitada autonomía. En otros países, se trabaja para instalar un punto de recarga público cada 100 km, que permita los desplazamientos sin incertidumbres. En España, seguimos con retraso en este tipo de iniciativas. Las administraciones, también están instalando puntos de recarga, incluso gratuitos, aunque de manera casi testimonial.

Otros problemas derivados de la recarga lo podemos encontrar con la velocidad de carga. Básicamente, existen tres modos de carga: el normal (unas 8 horas de recarga), la semi rápida (unas 4 horas) y la rápida (unos 20 minutos, para el 80%, y cerca de una hora para la completa) dependiendo de la potencia y la instalación seleccionada. Evidentemente, a años luz de competir con la rapidez de carga de la gasolina. Las tomas para realizar la recarga, al igual que sucedió en su día con los cargadores móviles, también varían en función del fabricante aunque este problema se antoja de fácil solución.

Los usuarios opinan

La mayoría de los usuarios que ya disponen de coche eléctrico, coinciden en dos aspectos: la dificultad para recargar como punto negativo, y la diferencia, para bien, de sensaciones con un coche eléctrico como aspecto a destacar. A pesar de sentirse un poco desamparados por la administración ante las dificultades de un coche eléctrico, es complicado encontrar algún usuario que se arrepienta de su compra.

La ausencia de ruidos, la suavidad en la conducción, el poco uso real que solemos hacer de los vehículos fuera de nuestra provincia, el ahorro en combustible y mantenimiento, las ventajas fiscales y la conciencia medioambiental, permite que se minimicen los inconvenientes del vehículo.

El adquirir un coche eléctrico, también conlleva un cambio de mentalidad a la hora de conducir. Las “prisas”, deben quedar aparcadas en desplazamientos largos, debido a la necesidad de recargar las baterías y al notable incremento de consumo a velocidades altas. También nos ocasionará algún que otro quebradero de cabeza el decidir entre adquirir las baterías, o alquilarlas mensualmente.

Entre los que no se deciden a adquirir un coche eléctrico aún, el motivo principal es el temor a la baja autonomía y la dificultad para encontrar puntos de recarga, y en nuestro horario, fuera de nuestra ciudad. El precio, ligeramente superior, también es un factor a tener en cuenta entre los que no están aún convencidos.

Para finalizar, como opinión, un coche eléctrico no se puede adquirir, exclusivamente, en función del precio más alto que vamos a pagar, o de lo que nos podemos ahorrar con el tiempo. Pensamos que existen muchísimos más factores para valorar las ventajas, e inconvenientes, a la hora de dar el paso. No hay que olvidar que, tarde o temprano, los coches eléctricos serán nuestro modo de transporte.

 

Texto: Ricardo Sepulcre

 

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